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Madre madura hace sentir bien al amigo de su hijo

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Lo mejor de la edad que va cumpliendo mi hijo son las amistades que va teniendo. Chicos jóvenes pero tan viriles que me ponen el coño húmedo cuando sueño con volver a ser una colegiala, revolcándome con ellos, aprovechando la dureza propia de esos 20 años tan bien formados. Por eso cuando el otro día vino a buscar a mi hijo uno de los más guapos del grupo, que además tiene un paquete enorme, yo ya le tengo echado el ojo hace tiempo, me alegré enormemente de él no estuviera en casa. Ni mi hijo ni mi marido ni nadie. Estaba sola. Automáticamente pensé que era una oportunidad única que no iba a dejar pasar.

Utilizando mis armas de mujer experimentada y aprovechando que yo iba ligerita de ropa, le invité a sentarse y esperar a su amigo, mi hijo, aunque yo sabía de sobra que no llegaría hasta pasadas unas horas, tiempo más que de sobra para yo comerme a ese yougurín. El acercamiento fue rápido y directo, ya que pude comprobar que no ofrecía ninguna resistencia, más bien al contrario, lo estaba deseando. Cuántas pajas se habrá hecho ya pensando en mí.

Sin embargo yo sabía que si esperaba que él se lanzara la cosa no iba a funcionar, teniendo en cuenta las circunstancias; Yo una mujer casada, mucho mayor que él, madre de uno de sus mejores amigos... obviamente podría haberme quedado esperando toda la tarde, toda la vida y no hubiera pasado nada. Y una ya no es una adolescente indecisa esperando a que él de el paso. De eso nada. En cuanto vi que su paquete se hinchaba, evidentemente, como reacción a las supuestamente 'casuales' caricias que yo le estaba dando, me lancé a por él, lo agarré y le pregunté qué es lo que estaba pasando allí, debajo de la cremallera de su pantalón.

Cómo un autómata que no tiene nada que decir y que sólo se deja llevar por su instinto, se puso de pie y me dejó que abriera la bragueta y sacara aquél pistolón precioso y duro como el hierro. Por todos los santos del cielo, aquello era una polla como está mandado, menuda verga se me ofrecía ante mis ojos. Como una condenada posesa me la introduje en la boca y empecé a chupar como una verdadera puta, estaba tan caliente que me hubiera arrancado el vestido y la hubiera metido en el fondo de mi coño para poder sentir un arma de tal calibre dentro de mi ser.

Pero recordé, justo a tiempo, que soy una mujer casada y la madre de su amigo, así que se lo hice saber, que como invitado de la familia, estaba a su servicio para hacer todo lo que estuviera en mis manos, y en mi boca, para que se encontrase lo más cómodo posible en mi casa, pero que no podíamos follar. Él asintió como si estuviera borracho y prácticamente no se hubiese enterado de casi nada de lo que le dije. Por lo que dí la conversación por finalizada y seguí tragando flujos de su enorme polla.

De vez en cuando lo miraba de reojo para estar segura de que lo estaba gozando, pero no había duda, su cara era un reflejo del sueño cumplido, de la sorpresa de ver cómo un deseo se cumple, de la sensación de esta en el mismísimo paraíso (que debe ser mi boca), con cara de pretender que aquello no acabe nunca y al mismo tiempo que acabe ya.

Y así lo entendí, porque yo de esto entiendo. En cuanto supe que su único deseo era ya explotar, le pregunté que dónde quería descargar su semen. Y el muy hijo de puta me dijo: en tu cara de puta y en esas tetas operadas tan perfectas que tienes. Le perdono porque sé que lo decía fruto de la perversión animal que sentía en aquel momento. Qué coño, si yo estaba igual, También lo insulté, le estrujé los huevos, le mordí la polla y le grité que se corriera sobre mis labios y mi cara de puta, y que mis tetas operadas estarán allí, serviles para él cada vez que quiera venir a visitarla. Se corrió como si hiciera meses que no lo hacía, me bañó de semen juvenil, me hizo sentir muy puta. De vez en cuando viene a buscar a mi hijo cuando sabe que él no estará. Y le hago sentir bien, en casa.