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Follaamigos para mis tardes de calor

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FOLLAAMIGOS

    Me gusta hablar con bastante frecuencia de la diferencia entre el amor y el sexo, lo que incluye también de forma implícita, a los novios y a los follaamigos, que para muchas personas es lo mismo y para mí y para todas las mujeres que nos dedicamos al sexo como profesión, es otra historia. Que puede ser que muchas otras mujeres estén de acuerdo conmigo aunque su entorno profesional sea otro, seguro que sí, pero nosotras por obligación, debemos separar bien estos conceptos. Yo vivo sola, esporádicamente tengo pareja (o novio) con quien comparto sentimientos, me duran muy poco por cierto, y siempre tengo una lista de follaamigos. De esos que vienen, se toman una copa, nos echamos unas risas, follamos y se van. Mañana somos amigos, y también pasado mañana y el otro, hasta que dentro de unas semanas encarte otra vez y volvamos a follar. Como puedes suponer, no hay que esperar al Sábado por la noche para hacerlo, no tienes que abrir las piernas si no te apetece y no le debes ninguna explicación a ninguno de ellos ni les importa un comino si tienes la regla o si te duele la cabeza o si, simplemente, lo que te apetece es ver la tele y nada más.

Pero cuando yo está caliente y necesito sexo abro mi agenda y repaso la lista, como es digital, tengo marcados mis favoritos, mis segundas opciones, terceras y cuartas... aunque ellos no lo saben, por supuesto. Y esta tarde estuve de suerte, porque me atendió uno de los primeros de mi lista. Uno de esos que alguien podría pensar que es mi novio, o podría casi pasar por ello, aunque yo sé de sobra que sólo es uno más de mis follaamigos. Pues bien, estaba dispuesto a venir a casa, como casi siempre por otra parte, y yo estaba loca porque viniera. Porque es uno de esos que saben tratar a una mujer...

    La tarde estaba maravillosa y la sensación de calor iba en aumento conforme hablábamos, vaciábamos nuestra copa y nuestro cuerpos se acercaban cada vez más. Después de unos besos largos que ya eran inevitables cuando la conversación se agotaba, se ofreció a darme unos masajes allí mismo, al aire libre, en el jardín. No era necesario ni decir que sí, él sabía tan bien como yo que no era una pregunta si una orden suave (como a mí me gusta llamarlas), y mi mente ni siquiera tuvo que contestar, sino simplemente ordenar a mis piernas y mis brazos que extendieran una manta sobre el césped y tumbaran mi cuerpo, no sin antes despojarlo de toda la ropa.

Entonces comenzó a acariciar suavemente mis hombros, mi cuello y mi espalda, valiéndose del aceite para que todo fuera más suave. Mi cuerpo empezó a estremecerse y en algunos momentos los poros de mi piel se erizaron como si de pronto tuviesen frío. Esa es una sensación que, por un lado me gusta y me resulta placentera, pero por otro lado me disgusta porque no quiero que me vean así. Es como que deja ver demasiado mis emociones.

Mi cuerpo andaba ya pidiendo guerra mientras sentía como sus manos iban cada vez más abajo y la manta que me tapaba se perdía no sé dónde. Notaba como mi vagina estaba húmeda y ansiaba sentir sus dedos o su lengua allí dentro, por supuesto también su polla, pero hay que dar tiempo al tiempo. Él, en cambio, parecía no tener ninguna prisa, lo que aumentaba más si cabe el fuego en mi interior. Me daban ganas de gritarle que me follase ya, pero decidí dejarme llevar por su ritmo lento y seguro.

    Cuando finalmente me giré y quedó su cara directamente frente a mi coño, éste ya estaba tan dilatado, tan derretido y tan caliente que si no metía su lengua pronto entre mis piernas iba a empezar a cabrearme de verdad. Pero el muy cabrón acercó su boca y lo único que hizo fue expulsar su aliento, muy cerca, pero sin tocar mi piel, poniéndome más y más cachonda, y odiando en ese momento tener follaamigos que tienen tanto interés en hacértelo muy muy bien, que me desesperan por momentos.

- Joder, chupa ya, mete polla, fóllame de una puta vez que me estás volviendo loca. Fue más o menos lo que salió de mi boca en ese momento. Pero él seguía manteniendo la calma y la pasividad de su condenada sangre fría. Lo único que conseguí, supongo, fue que con la punta de su lengua tocara por fin mi clítoris. Y sorprendentemente, sólo eso fue necesario para crujiera algo dentro de mí, para que sintiera un primer atisbo de orgasmo y para apretar fuerte mis muslos contra su cara y obligarla a entrar dentro de mí. Si no su cara entera, por lo menos su lengua.

Finalmente se convirtió en mi perrito fiel, por fin, y lamió de mi chocho como un cachorrito lo hace del plato de leche que le pone su dueña. Con sus dedos hurgaba también buscando mi punto G. Por el culo y por las piernas se derramaban los jugos de mi placer y mi primer orgasmo llegó sin querer evitarlo, ni retrasarlo ni dominarlo. Apareció como si nada y voló libre por el jardín de casa, subió por las paredes y se desplazó por el aire hacia las fincas colindantes. Seguro que algunos de mis vecinos, sobre todo esos que me tienen la matrícula cogida, sintieron el perfume de mi eyaculación, la humedad en el aire o el eco de mis gemidos. A alguno de esos vecinos, algún día tendré que hacerles un pequeño favor, para ver si los pobres dejan así de babear cuando me ven. Y de paso, dejan de controlar tanto mis idas y venidas.

    Pero no nos desviemos del tema porque el tema está aquí, con mis follaamigos, con éste de esta tarde concretamente, y con el polvazo que nos hemos pegado en mi jardín. Porque el contador ya marcaba un cero a uno (0-1) a su favor, y yo prácticamente no había hecho nada por él, aún. ¡Pobrecito!. Lo que le esperaba. Y aplicando la misma fórmula que tanto me había hecho sufrir a mí pero que tanto me había gustado, le pedí que nos tomásemos una copa para reponerme un poco. A él le descolocó un poco al principio, ya que la dureza y el tamaño de su polla demostraban satisfacción por haberme hecho feliz y excitación por lo que creía que venía a continuación; una húmeda mamada de mi parte o penetración y sexo duro anal, que sabe que me gusta tanto. Sin embargo, mi intención de tomarnos una copa no era precisamente para enfriar la situación o para bajar el grosor de su polla, sino para alargar su excitación como él acababa de hacer conmigo unos minutos antes.

Y de ese modo, con el vino en una mano, la otra mano buscaba su polla, pero no la agarré fuerte, sólo rocé mis uñas largas por la piel, jugué un poco con ella mientras le hablaba de esas cosas que tanto le gustan de mí. ¿Vas a follarme por el culo hoy?, lo estoy deseando pero es estrecho y apretado, es posible que te guste demasiado. Además, a muy pocos les permito que me hagan gritar como una perra, puesta a cuatro patas, follándome por detrás. Algo tienes tú que me haces desearlo así. Pero esta pollita, mmm, parece que quiere reventar antes incluso de penetrarme, ¿pasamos a la acción? O mejor me dejas que me acabe la copa...

    De verdad no se si esta sensación es posible sentirla con un novio formal, pero con los follamigos sucede constantemente; Esa impresión de poder sobre la otra persona, ese sentir que te están diciendo: -Realmente me tienes a tus pies-. A veces te lo dicen claramente de viva voz, a veces se lo callan pero lo lees en sus ojos. Es en ese momento cuando te sientes todopoderosa, y sabes que darían su vida y su alma a quién se lo pidiera por penetrarme, por abrazarme fuerte hasta fundirse conmigo mientras su polla y sus huevos tratan de colarse dentro de mí desde mi vagina. Ellos te lo demuestran con la mirada o con las palabras y tú, con la sangre un poquito más fría, sabes que es momentáneo. Sabes que todo es cierto y de corazón, pero que al mismo tiempo todo acabará en cuanto exploten y se vacíen. En ese momento toca la reflexión, la razón, y lo que hace un minuto era entrega total a tus huesos y a tu espíritu, se convierte en un: -Me tengo que ir, estoy super ocupado, me esperan para una reunión...

Por eso, con mis armas de mujer, lo que pretendí en ese momento fue prolongar su tiempo de excitación, jugar con sus sentimientos un poquito, dejarlo quererme y desearme para siempre... sólo un poquito más. Y de esa forma me permití acabar mi copa, despacio, mientras acariciaba su polla ahora ya con con los dedos también. Aún no la había agarrado fuerte y con los dedos sentía los pulsos de su corazón en su polla. Estaba diciéndome: Cógeme, aprieta fuerte, estruja y muerde, hazme daño. Pero yo voy poco a poco.

    Ahora la copa estaba vacía y sus ojos se salían de las órbitas ante la posibilidad que se abría, ahora había comenzado a chuparle la polla y sus músculos se relajaban, estaba disfrutando el placer que le produce mi lengua, mis labios y los músculos de toda mi cara dedicados completamente a mi labor. Haría que durara un ratito, sin prolongarlo más de la cuenta pero sin dejarlo con ganas. Y en ese período de tiempo, me tocaba para yo misma con otra mano para ir entrando en calor nuevamente. Sentía que empezaba a sentir la necesidad de ser penetrada porque a pesar de que ya había tenido un orgasmo, mi coño y mi culo seguían sin estrenarse y me invadía el deseo.

Por eso decidí que ya estaba bien de chupar y sin decir nada me tumbé boca arriba. Él entendió perfectamente lo que quería y se inclinó sobre mí, mordiéndome los pezones, acariciando mi vientre, mi pelvis y mi coño y aproximando su culo a mi entrepierna, con su polla apuntando al cielo y amenazando con perderse dentro de mí. Yo ya estaba otra vez entregada y no quise arriesgar a dejar la situación en sus manos para que no se atreviese a jugar conmigo otra vez y vacilara con el momento de meterla. Así que la agarré y la introduje yo misma en mi sexo. Y ya dentro, su garganta soltó un fuerte gemido de placer, y comenzó el baile del amor. El movimiento sagrado del placer humano... o animal. La consumación de la especie, la sal de la vida. El amor. El sexo. El Universo. Diossssss

    Me folló y lo follé. La sacó y me dio la vuelta allí sobre la manta, en el jardín de casa, en medio del infinito, con la razón perdida y el cuerpo entregado... me volvió a penetrar, ahora yo estaba boca abajo y él detrás mía, pero me follaba por el coño. Yo cerré las piernas todo lo que pude para sentirlo mejor. Gritaba de placer aunque estábamos en la calle. No a la vista de todos pero sí al oído. Pero en esos momentos te da igual que el mundo se pare. Da lo mismo. Y yo grité de placer y de lujuria. Si fue demasiado fuerte o sólo para mis adentros no lo sé. Ni me importa. De pronto tiró de mi cintura y me obligó a arrodillarme. Y siguió follándome. Yo no quería que parara, podría haber seguido así durante horas, pero se detuvo, la sacó, y otra vez empezó a chupármelo. Supongo que le vino la necesidad de correrse y no quiso. Ese es el problema de las personas que no son multiorgásmicas. Yo, sinceramente, lo siento por ellas, es una pena tener que parar cuando más estás disfrutando pero en fin, supongo que son cosas de la naturaleza. Así que le permití que me lo chupara, cómo no dejar que lo haga con esa lengua sabia y juguetona que tiene. Chupa hijo, chupa. Luego vinieron más sacudidas mientras sus manos se deslizaban por mi espalda y me producían más escalofríos de placer. Apretaba un poco mi cuello, yo quería más. Arqueaba mi espalda y notaba como su polla quería seguir creciendo por encima de los límites de su cuerpo. me decía que así, arqueada mi espalda y respingón mi culo, soy tan deseable que quisiera seguir follándome para siempre, sin detenerse ni para comer. Pero yo sé que sólo es momentáneo. Que todo se acaba cuando nos corremos, que el mundo vuelve a ser el de siempre. El de las prisas, el de los temores, el de la vergüenza, la indignación, los problemas... así que había que aguantar.

    Ahora fui yo quién hizo detener aquella locura que por momentos se escapaba de las manos y amenazaba con terminar demasiado pronto. Lo obligué a tenderse y me senté sobre él. Lo miré a los ojos y le sonreí. Estaba como ido, como dije antes, entregado a mí en cuerpo y alma. ¿Cómo voy a permitir que un hombre que me desea por encima de todas las cosas de este mundo, esté follándome por detrás mientras yo solo me dedico a disfrutar?. No es justo. Merece que lo galope, que tome las riendas de su destino, que lo lleve hasta el infinito y lo eleve hasta más allá del cielo, por encima de la razón y la voluntad de los hombres. Necesita que lo ilumine como una virgen, como un todopoderoso que marca su camino y que premia o castiga según su todopoderosa voluntad. Y eso hice, lo premié por todo el placer que me había proporcionado anteriormente, cabalgué sobre su polla y sus testículos para demostrarle que mis nalgas tienen poder sobre él, lo follé suavemente para que no se corriera, continuamente para que no olvidara quién controla la situación. Le dejé apretar mis tetas que colgaban sobre su nariz, pellizcar mis pezones y chupar como un bebé de teta. Permití que se sintiera débil, indefenso e inseguro en solitario, y protegido bajo mi protección. Lo amé con el cariño de una madre, con la pasión de una amante, con la candidez de una hija. Lo follé como una mujer. Y se me derritió en mis brazos.

Sentí que necesitaba correrse de una vez por todas. Sabía que había visitado los siete reinos y que necesitaba volver a posar sus pies en la tierra. Sabía que me tocaba volver a quedarme sola. Sólo con follaamigos y sin novio. Pero es lo que yo he decidido, y llegaba el momento de terminar.

    Pero antes que él tenía que terminar yo nuevamente, así que aceleré el ritmo, me ayudé de mis dedos y apreté fuerte los dientes. Chillé como una posesa, gocé cada milésima de segundo y sentí mucha pena porque todo se acababa. Casi quería llorar pero tenía que esperar un poco, hasta que él terminara. Merecía toda mi atención hasta que hubiera bajado también del paraíso. Volví a mostrarle mi culo y le invité a entrar. - Rompémelo hombretón. Y él entró. Despacio, y luego cada vez más rápido. Yo gemía aunque ahora sí era ya un poco más fingido mi placer. Pero él no. Él hizo un último vuelo por todo el universo, se agarró a mi cintura y golpeó todo lo fuerte que pudo. Aún se resistió a terminar unos minutos más y por fin, estalló. No se si mis gritos se habían escuchado en todo el vecindario. Pero lo que sí puedo asegurar es que todo el mundo supo que esa tarde tuve visita... y que lo pasamos de miedo. Porque a él sí que se le oyó. Vamos que si se le oyó !!.

Caímos rendidos sobre la manta que estaba ya hecha unos zorros sobre el césped. Nos abrazamos y nos besamos... y nos quedamos un rato recuperando el aliento, el fuelle y la respiración. Después me dijo que andaba bastante liado con no se qué, y que esa tarde tenía una reunión importante con no se quién. Volvió a besarme, se levantó y se fue al baño a darse una ducha. Luego se vistió, me deseó mucha suerte con todo, me besó por tercera vez y se marchó.

Fue una tarde estupenda. Es fantástico tener follaamigos, yo creo que es más maravilloso que tener un novio, aunque como todo en esta vida... cada cosa tiene su momento y sus pros y sus contras. Y a veces me gustaría ser la dueña de alguien indefinidamente. ¿Y tú?.