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Cuando se rompe la tele aparece el técnico

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Mis amantes de hotel
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Mis amantes de hotel

Cuando viajo sola, siempre utilizo la suite del hotel. Se podría pensar que soy demasiado egoísta por pedir la habitación más grande estando sola. Pero lo cierto es que lo hago por un motivo bastante específico: Yo no sé, sinceramente, lo que es estar en un hotel y no darle alegría a mi cuerpo. Sé que voy a follar sí o sí. Y me gusta que las visitas se lleven buena impresión de mí, casi como si estuviera en casa.

Una de las tácticas que uso, para no tener que pagar por sexo, cosa que nunca me ha gustado, es desenchufar la tele y llamar al técnico diciendo que no funciona. Y después, mientras ellos van tratando de encontrar el problema, yo trato de ofrecerles una vista generosa de mi cuerpo, para que vayan entendiendo de qué va la cosa.

Algunos son guapitos pero bastante tímidos, y les cuesta darse cuenta de que les estoy provocando. A estos, si los dejo que se vayan, seguro que saldrían corriendo al baño a hacerse una buena paja pensando en mí. A esos los tengo calados, y tengo que atacar de forma más descarada. Digamos que prácticamente me echo encima de ellos buscando el roce.

Hasta que obviamente consigo lo que quiero. Es entonces cuando tiene sentido, como te dije, el haber reservado la suite con su cama tamaño king size y su bonita decoración, para que el entorno sea delicioso, tanto como el rico sexo que voy a tener con el técnico de este hotel.

Me dejo ir... y me dejo chupar, mmmm, de hecho me vuelve loca sentir la lengua de un chico joven en mi clítoris, me hace sentir deseada y poderosa al mismo tiempo. Yo soy muy limpia para las cosas del sexo y si tengo dudas de la limpieza del chico, lo meto en la ducha antes de tocarme. Una vez que estoy segura, le dejo que pase su lengua por todo mi cuerpo, pero sobre todo por mi rajita.

Y una vez que me he entregado por completo a la fornicación, grito como una desesperada. Se me olvida si la suite está retirada de las demás habitaciones o si en realidad, al otro lado del tabique hay alguien escuchando como suele suceder en algunas ocasiones, en algunos hoteles. A mi me da igual, yo chillo y me dejo llevar.

Me gusta que mi hombre, es decir: ese hombre que está en ese momento conmigo, se sienta afortunado por la suerte que se ha encontrado y, a cambio, esté dispuesto a dejarse el alma en darme placer mutuo. Por eso yo lo monto y cabalgo como una diosa sobre una nube. Sobre un animal enfurecido que golpea con rabia y se deshace en elogios hacia mí.

Finalmente, cuando nos hayamos corrido y se haya marchado, tomaré una ducha, descansaré un poco, y bajaré a recepción a pagar la cuenta y dejar el hotel. Porque lo que realmente odio es dormir sola. Y en casa, mi marido me espera con los brazos abiertos... y la polla dura.