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En mi coche con una puta del polígono

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Buscando putas en el polígono

    Ellas están ahí, siempre que las buscas, siempre que te paseas por el polígono de mi ciudad, y creo que en algún polígono de cualquier ciudad de cierta importancia. Son las putas del polígono. Son esas furcias callejeras, baratas de la calle a precio low cost, que no ponen la cama ni la habitación, por cuchitril que ésta pudiera ser. Se montan en tu coche y te hacen una mamada por 10 euros o el servicio completo por unos 30 euros aproximadamente. Están mal vistas y nadie habla de ellas, aunque tan solicitadas como las ladies de cualquier glamouroso burdel. Semidesnudas a cualquier hora del día o de la noche, vestidas con tacones infinitos y poco más, tal vez un pantalón diminuto, tal vez un vestido de una pieza de esos que dejan ver el tanga si te agachas, y aunque no te agaches.

Para mí son tan respetables como las otras, las caras. Y seguramente más necesitadas. Por eso yo busco a las putas poligoneras, las invito a subir a mi coche, les meto mano y las beso mientras las piropeo con sinceridad. Sé que no me creen, igual que yo no las creo cuando actúan para mí. Pero me dejo ir, me dejo llevar... y en ese vaivén disfruto de los placeres de una mujer guerrera, casi siempre madre, siempre maltratada por un chulo, por una mafia, por una deuda...

Al final pago. Soy consciente de estar dando casi todo ese dinero al hijoputa que espera, calentito y cómodo en otro coche no mucho más lejos, a que ella termine y le entregue el botín. Por eso le doy una propina, aparte, sólo para ella, para que algún día pueda dejar ese mundo. Para que si le satisface amar por dinero, lo haga donde se merece, con todas las garantías.

    No escribo para justificarme. Para que pienses que soy Sor Juana de Inés y mi causa son los pobres, las putas y los desamparados. No. Acudo al polígono y contrato los servicios de una puta. Y lo hago para disfrutar de ella, de sus servicios. Meto mis dedos en su coño y me vuelve loco encontrarlo húmedo, aunque sea mentira. Si está seco y se mantiene así durante los minutos siguientes, me decepciona y prefiero dejarlo, le pago lo que me pide y la dejo ir con Dios. Me olvido del tema y vuelvo a mis menesteres. Pero si lo encuentro ardiente, apetitoso y mojado, entonces la deseo, la disfruto y me entrego a ella por si quiere también disfrutar de mí. No voy por ahí contando mis experiencias con las putas del polígono, lo cuento aquí de forma anónima porque me apetece y porque creo que otros muchos como yo sufren esta adicción en silencio. Tal vez puedas verte reflejado en mí y si puede ayudarte a sobrellevarlo mejor y no sentirte culpable, mejor para los dos.

Porque sinceramente no me siento culpable, hago lo que hago porque me gusta. Pago lo que cuesta y con sobrecoste. Trato a esas mujeres con el mismo respeto con el que trataría a mi propia esposa, pero no la tengo. Puede que tú si estés casado y aún así lo hagas, en ese caso sólo puedo decirte que, lamentablemente, en muchas parejas el amor voló mucho tiempo atrás, y que según la edad que tengas, el respeto (precisamente) o los hijos o Dios sabe qué, te impiden acabar con esa relación. Pero el deseo está ahí, la necesidad de sexo se mantiene, o el simple vicio te lleva a hacerlo. Cada cual tiene sus razones. No te pienso juzgar.

    Constantemente me pregunto si enfermaré algún día por causa de las condiciones de salud en que puedan encontrarse estas putas del polígono, pero sólo cuando no estoy con ellas porque cuando estoy metido en el ajo nunca pienso para nada en esas cosas y sí en ese coño tan húmedo y entregado. Entonces, tengo que chuparlo. Tengo que hacerlo, es superior a mis fuerzas. Chupo su coño, meto mi lengua en su agujero y juego con su clítoris. La escucho gemir. Necesito escucharla gemir. Es muy importante para mí. Es mi ego el que está en juego y necesito saber que la hago disfrutar. Otra vez doy por hecho que gimen por pura inercia de puta pero entre ese teatro intento discernir la realidad del show, y si siento que uno de esos gemidos es real entonces mi orgullo crece, y mi polla también. Tampoco pido que me comprendas pero no voy a dejar de desahogarme hoy, contándolo todo. Porque la vida no me ha hecho diferente al resto de los humanos; Al contrario, sé que muchos de los que leáis estás líneas os veréis reflejados, apuesto lo que sea.

Pero incluso si no es tu caso no creas que eres mejor que yo. Diferente es que tus vicios y tus miserias las escondas en el fondo de ti mismo donde incluso tú mismo apenas sepas que las tienes. Pero ahí están... saliendo de vez en cuando al exterior, soplándote al oído el extraño deseo de realizarlas, desafiándote a armarte de valor y llevarlas a cabo. Pero no te pienso juzgar. A mí me gustan las putas callejeras. Me gustan las furcias del polígono.

    Cuando les he comido el coño durante un buen rato, ellas necesariamente se sienten en la obligación de devolverme el favor haciéndome una buena mamada de polla. Siempre lo hacen, de hecho en infinidad de ocasiones es lo único que hacen. Pero conmigo lo hacen por dos razones; Una porque es su obligación hacia el cliente y otra, porque las he hecho disfrutar y se sienten en deuda. Y eso se nota en su afán por hacer un trabajo superior, especial y entregado. Profesional sí, pero cariñoso también. Y la mezcla se siente.

Ellas quieren acabar tan pronto como puedan, por lo general. Pero después de tratarlas como damas, se les olvida un poco la circunstancia y el motivo, y prefieren darse un ratito de placer tan necesitado, en realidad, por muchas de ellas. Estoy seguro de que en ese momento piensan, las más de las veces, qué de malo hay en disfrutar un poco entre tanta mediocridad.
Ahora podría parecer que estoy dándomelas de algo: más guapo que la media, más potente que los demás, ¿más interesante que el resto?, seguro que no pero, por algún motivo consigo que a mi lado se sientan bien, no se trata de convencer a nadie de nada, simplemente es así. Punto. Y a mí me hace feliz. Me siento más atraído aún por las putas del polígono y probablemente no voy a dejar nunca de ir. ¿Por qué iba a hacerlo?, las amo. Seguiré acudiendo cada varios días a verlas y a sentirlas, y que cada uno le rece a su padre celestial, para mí son ellas las más adorables mujeres sobre la faz de la Tierra.

    Pago para un servicio completo y es lo que espero conseguir. Cuando ha acabado el sexo oral, inclino el asiento del pasajero del coche completamente hacia atrás y la pongo en cuatro para penetrarla. Uso preservativo por ellas y por mí. Aunque a veces me parezcan limpias intento siempre tener toda la precaución. Lo cortés no quita lo valiente. Y las follo con fuerza, con decisión y con entrega. Me olvido del mundo y empiezo a disfrutar de verdad. En ese momento es cuando el físico, el tamaño de su culo o de sus tetas, los rasgos de su rostro y toda esa superficialidad que la define como mujer objeto pasan a un segundo plano y lo único que me importa es sentir el calor de su vagina, la suavidad de su sexo y el fuego de su cuello uterino. Puedo tirar un poco de su pelo sin intención de hacer daño, puedo apretar mis manos alrededor de su cuello con mucho cuidado por mantener siempre el control y no causarle ninguna sensación de incomodidad o miedo, a veces clavo mis uñas en su espalda procurando que parezca una caricia más que un arañazo, o que rasco su piel sin dejar ninguna marca en absoluto. Lo hago porque es mi forma de elevarme al cielo... y porque estoy seguro de complacerla a ella también.

Tú lo harás diferente, o igual has estado asintiendo mientras me lees porque concuerda con tu manera de disfrutar. No es mi objetivo valorar cuál es la mejor ni la peor, todo lo que te hace feliz sin perjudicar a tu prójimo es bueno. Así lo veo yo, y difícilmente alguien podrá sacarme de mi convicción y de mi pensamiento. Benditas sean las putas del polígono. Ruego por ellas y espero que pronto puedan escapar de su prisión. Cuando no quede ninguna yo también seré feliz. Acaso crees que faltarán putas con las que gozar? Entonces significa que no has entendido nada de este mundo.

    En ocasiones las dejo que me monten para mover sus culos y hacerme disfrutar, pero normalmente prefiero follarlas yo. Hay algo de necesidad de protagonismo en esta actitud. De querer llevar el control en todo momento y dominar la situación. Estarás pensando que por fin me he quitado la careta, que aquí acaba de aparecer el masoquista que hay dentro de mí, y el que persigue putas baratas para maltratarlas. Si yo creyera en las sentencias absolutas diría que absolutamente no. Pero inevitablemente tendré que dejar un pequeño porcentaje en el aire ante la posibilidad de que mis instintos tengan algo de esto, aunque yo lo dudo rotundamente y estoy seguro de que cualquiera de vosotros que me estáis leyendo y que tenéis pareja y la queréis con locura, y ella os ama absolutamente... Sin embargo sois más violentos que yo en la práctica del sexo. Por lo que seguiré follando como lo vengo haciendo durante toda mi vida porque es como me gusta a mí, y es como les gusta a todas las mujeres con las que me acuesto. Sean putas o no, que suelen serlo.

Ya casi solamente falta los que quieran tacharme de antisocial por follar con putas casi exclusivamente. O incluso de feo o marginado. Bien, podría serlo, para que haya guapos tiene que haber feos, para que haya simpáticos tienen que existir los agrios de carácter. Supongo que hay otros más guapos, más sociables y más de todo. También pongo la mano en el fuego a que hay otros que son menos, pero no es ese el motivo. No lo es.

    He tenido parejas, he estado casado, sigo teniendo nombres femeninos en mi agenda de contactos, pero cuando descargo la leche de mis huevos en el cuerpo de una puta, es especial para mí. Es diferente a cuando lo hacía sobre mis ex. Tal vez ninguna supo darme lo que yo necesitaba, tal vez no podían hacerlo por más que lo hubieran intentado porque en mi mente ellas no son putas. Cuando descargo mi semen en el vientre, en el pecho e incluso en la cara de una puta me estoy corriendo sobre una puta. Y lo sucio de la palabra y lo rudo de la situación me provoca placer, me resulta demasiado erótico y me lleva al éxtasis. No conozco una sensación más increíble en este planeta mundo. Y pasados unos días, tengo que volver a repetirlo.

Esta es la revelación de un hombre anónimo que lo seguirá siendo para todos menos para esa mujer que comparte mis secretos y yo los suyos. Ella hace webcam y me ha pedido que soltara mi mente y derramara mis ideas aquí, y así lo he hecho. Ella practica sexo virtual a diario con hombres de toda índole y para mí es totalmente respetable y hasta admirable. Creo que ejerce una maravillosa labor social que es necesaria. Y siempre contará con mi apoyo. Si necesitas su cariño, su comprensión y su sexo, conéctate con ella. Sin remordimientos.